
En otro lado de la calle, esa donde se encuentra aquella vecindad hay un enorme terreno vacio, donde hay un teléfono viejo y sucio, que suena de lunes a sábado a exactamente la misma hora por exactamente 15 minutos. Hasta que alguien de aquella vecindad se atreve a contestar.
“…” Silencio en el teléfono… “Alo?”. No hay respuesta alguna, cuelgan y todo sigue normal hasta que al día siguiente el teléfono suena de nuevo y alguien se da el trabajo de contestarlo.
Curiosamente solo hay una niña que no se atreve a contestar y solo un niño que desaparece de lunes a sábado a exactamente la misma hora. Si, es una declaración vergonzosa a una niña miedosa. ¡El niño se esfuerza poco, vive en la misma vecindad y la niña es justamente su vecina!
Ya van asi 4 años y nadie deduce que la llamada es para la única niña que no ha contestado y que el que llama es el único niño que desaparece en ese preciso momento. Es por que en realidad aquel telefono no existe asi como tampoco aquel enorme lugar vacio. La llamada son las palabras que la niña no se atreve a escuhar y que el niño solo repite en su mente cuando la ve.
Que hace que la niña le aterre escuchar esas palabras? Debe ser, el enorme terreno vacio, que en realidad ninguno de los dos se atreve a cruzar.











