¿Quieres volar conmigo?
Por que planeo llevarte hasta el olvido
Incluso, hasta mas allá
Que las piedras no dejen perderte
por que las puse para tenerte
Incluso, para tenerte
No dejes que la verdad se valla
Por que se que no llegare hasta allá
Incluso, hasta allá
¡No dejes de mirarme!
Por que podría dejar de amarte
Incluso, dejar de amarte.
Incluso, amarte.
miércoles, 24 de febrero de 2010
miércoles, 17 de febrero de 2010
¡Podría haber simplemente saltado!
Antes de darme cuenta de que estaba apunto de arrojarme del 2º piso de mi casa, mi billetera se asomo por mi bolsillo. Tome mi identidad y pensé:
¿Esto es algo que Pedro Carvajal haría? Así que di un paso atrás, y justo desde esa perspectiva vi un café que me llamo la atención, hace tiempo que no me tomaba un café, hace tiempo que no planeaba saltar de un segundo piso.
Me senté en el primer sillón del café que encontré junto a una ventana, hundido en mis pensamientos note que la ventana daba al segundo piso de mi casa, también que si saltaba le daría un bonito espectáculo a quien estuviese sentado aquí en ese momento pensé, que eso, si es algo que Pedro Carvajal haría.
Después de unos segundos de visiones extraordinarias de mi saltando y cayendo ileso desde el segundo piso me percate del anciano de larga barba y bigotes un tanto amarillentos que estaba sentado enfrente mío, en la misma mesa que el estaba usando, su café, su tabaco y su paquetito de papelillos. Por esos asares del destino mi tejedora lengua que muchas veces me ha salvado, unió mis labios con un hilo que dejó que todas las palabras vergonzosas saldrían en momentos incómodos como estos, gracias a eso, tuve la conversación mas hermosa, extraña e irracional que alguna vez podría haber tenido.
Mientras el anciano de larga barba y bigotes amarillentos prendía uno de sus cigarrillos dijo:
-Te vi allí arriba joven y déjame decirte amigo mío que es fácil perderse en un camino, lo difícil es perderse en el y no darse cuenta que perderse es parte del camino.
- Pero, si el camino es algo que uno tiene que seguir ¿Cómo perderse puede ser parte del camino? -Le respondí luego de unos minutos de pensar en uno de los silencios mas incómodos que había tenido.
Dio un ultimo sorbo a su café dejándolo casi hasta la mitad y en el apago su cigarrillo.
-Bueno, pues no lo es, y eso mi amigo, es lo que lo hace tan divertido.
Boto la ultima bocanada de humo y mientras se levantaba dijo:
Claro que cuando tu tengas mi edad, te darás cuenta de lo que equivocado que estoy, y eso, lo hace aun mas entretenido.
Pago su cuenta y se fue, sin antes pedirle a la mesera que me trajera un cortado y una magdalena, fue el café y la magdalena mas deliciosas de toda mi vida.
Al irme, lo que mas me extraño no fue la conversación ni la amabilidad de este extraño anciano de larga barba y bigotes algo amarillentos, si no, que el nombre del café era “¡Salta!”
¿Esto es algo que Pedro Carvajal haría? Así que di un paso atrás, y justo desde esa perspectiva vi un café que me llamo la atención, hace tiempo que no me tomaba un café, hace tiempo que no planeaba saltar de un segundo piso.
Me senté en el primer sillón del café que encontré junto a una ventana, hundido en mis pensamientos note que la ventana daba al segundo piso de mi casa, también que si saltaba le daría un bonito espectáculo a quien estuviese sentado aquí en ese momento pensé, que eso, si es algo que Pedro Carvajal haría.
Después de unos segundos de visiones extraordinarias de mi saltando y cayendo ileso desde el segundo piso me percate del anciano de larga barba y bigotes un tanto amarillentos que estaba sentado enfrente mío, en la misma mesa que el estaba usando, su café, su tabaco y su paquetito de papelillos. Por esos asares del destino mi tejedora lengua que muchas veces me ha salvado, unió mis labios con un hilo que dejó que todas las palabras vergonzosas saldrían en momentos incómodos como estos, gracias a eso, tuve la conversación mas hermosa, extraña e irracional que alguna vez podría haber tenido.
Mientras el anciano de larga barba y bigotes amarillentos prendía uno de sus cigarrillos dijo:
-Te vi allí arriba joven y déjame decirte amigo mío que es fácil perderse en un camino, lo difícil es perderse en el y no darse cuenta que perderse es parte del camino.
- Pero, si el camino es algo que uno tiene que seguir ¿Cómo perderse puede ser parte del camino? -Le respondí luego de unos minutos de pensar en uno de los silencios mas incómodos que había tenido.
Dio un ultimo sorbo a su café dejándolo casi hasta la mitad y en el apago su cigarrillo.
-Bueno, pues no lo es, y eso mi amigo, es lo que lo hace tan divertido.
Boto la ultima bocanada de humo y mientras se levantaba dijo:
Claro que cuando tu tengas mi edad, te darás cuenta de lo que equivocado que estoy, y eso, lo hace aun mas entretenido.
Pago su cuenta y se fue, sin antes pedirle a la mesera que me trajera un cortado y una magdalena, fue el café y la magdalena mas deliciosas de toda mi vida.
Al irme, lo que mas me extraño no fue la conversación ni la amabilidad de este extraño anciano de larga barba y bigotes algo amarillentos, si no, que el nombre del café era “¡Salta!”
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